México, D.F., Sábado 8 de noviembre de 2014
| Foto: Marcelo Bermúdez |
Extrañamente, las reacciones se hicieron esperar. El
anuncio que el Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam hizo a
las 15 horas del viernes 7 de noviembre no generó movilizaciones inmediatas
como se esperaba.
Debido a las deliberaciones de los distintos comités de
lucha estudiantiles, las marchas para exigir que los normalistas desaparecidos
sean encontrados ocurrieron hasta el sábado en la noche.
Comenzando en las instalaciones de la PGR, la marcha
comenzó alrededor de las 8:30 pm, con dirección hacia el Zócalo capitalino. Los
dirigentes de la manifestación pidieron a los asistentes mantener el orden, ya
que el movimiento era pacífico.
El largo contingente compuesto por cerca más de 100 mil
personas se movió por el paseo de la Reforma. Estudiantes, sindicatos obreros y
la sociedad en general integraban el grupo de manifestantes. Así como miembros
de organizaciones campesinas, la comunidad lésbico-gay y personas del gremio
artístico.
A la altura del palacio de Bellas Artes, personas
encapuchadas surgieron del contingente para realizar pintas en las paredes de
los edificios. “Peña Renuncia, Justicia o Vivos los Queremos” se plasmaron en
fachadas de edificios. El resto de los manifestantes se alejó de los vándalos y
comenzaron a grabarlos. Al ver esto se dispersaron entre la gente.
La marcha llegó al Zócalo. Miles de agrupaban sobre la
plancha de la plaza, gritando consignas, levantando pancartas, con veladoras en
la mano algunos. “¡Ayotzinapa Vive!” retumbaba por las calles de la capital.
Minutos más tarde una camioneta anunciaba por altavoces
que la marcha seguiría hasta el Ángel de la Independencia. Poca gente se movió.
La mayoría se agolpaba contra las vallas que rodean el frente del Palacio
Nacional.
De la nada, los petardos empezaron a explotar. Eran
lanzados desde la multitud, hacia las ventanas del edificio histórico, con el
aparente plan de romperlas. En las azoteas miembros del ejército y del Estado
Mayor Presidencial observaban a los manifestantes y algunos tomaban fotos.
Desde abajo la gente los señalaba con apuntadores lásers.
“¡Ahí están, tómenles foto!” gritaban algunas personas desde el centro del
Zócalo.
Mientras los petardos explotaban, los miembros
encapuchados saltaron las vallas, que habían sido abandonadas por los guardias
que se encontraban tras ellas, segundos antes.
Con pintura en aerosol los vándalos pintaron la palabra
“Vivos” junto al símbolo de los anarquistas. Segundos más tarde, una llamarada
se extendió frente a la puerta. Bombas molotov habían sido lanzadas contra la
puerta Mariana del Palacio Nacional.
Tres veces la puerta fue incendiada con combustible, pero
el sistema anti incendios impidió que se extendiera el fuego. Fue en este
momento que muchos de los asistentes a la concentración comenzaron a alejarse
del frente. Muchos otros abandonaban el primer cuadro de la ciudad por la calle
de Madero.
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| Foto: Quetzali Gonzalez |
“Nos arruinaron la marcha, esta gente son del gobierno o
policías para hacernos quedar mal, ahora esperemos que los granaderos no nos
lleven a nosotros” Comentó la señora Alicia, mientras se alejaba del zócalo con
sus hijos y su esposo, acompañados por miles de personas más.
Horas más tarde, policías anti motines perseguían por las
calles al resto de los manifestantes quienes se replegaron con rumbo a la
Alameda.

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