Encapuchados incendia puerta de Palacio Nacional durante Marcha Pacífica por Ayotzinapa



México, D.F., Sábado 8 de noviembre de 2014

Foto: Marcelo Bermúdez
Desde la noche anterior, la tensión se apoderó de la capital Mexicana. Se esperaba que el anuncio de la Procuraduría General de la República despertara sentimientos de furia en la población. Cómo los rumores apuntaban, las autoridades declararon que los 43 jóvenes normalistas, desaparecidos desde el 26 de septiembre de este año, estaban muertos. Que habían sido calcinados y arrojados a un río de Iguala.
Extrañamente, las reacciones se hicieron esperar. El anuncio que el Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam hizo a las 15 horas del viernes 7 de noviembre no generó movilizaciones inmediatas como se esperaba.
Debido a las deliberaciones de los distintos comités de lucha estudiantiles, las marchas para exigir que los normalistas desaparecidos sean encontrados ocurrieron hasta el sábado en la noche.
Comenzando en las instalaciones de la PGR, la marcha comenzó alrededor de las 8:30 pm, con dirección hacia el Zócalo capitalino. Los dirigentes de la manifestación pidieron a los asistentes mantener el orden, ya que el movimiento era pacífico.
El largo contingente compuesto por cerca más de 100 mil personas se movió por el paseo de la Reforma. Estudiantes, sindicatos obreros y la sociedad en general integraban el grupo de manifestantes. Así como miembros de organizaciones campesinas, la comunidad lésbico-gay y personas del gremio artístico.
A la altura del palacio de Bellas Artes, personas encapuchadas surgieron del contingente para realizar pintas en las paredes de los edificios. “Peña Renuncia, Justicia o Vivos los Queremos” se plasmaron en fachadas de edificios. El resto de los manifestantes se alejó de los vándalos y comenzaron a grabarlos. Al ver esto se dispersaron entre la gente.
La marcha llegó al Zócalo. Miles de agrupaban sobre la plancha de la plaza, gritando consignas, levantando pancartas, con veladoras en la mano algunos. “¡Ayotzinapa Vive!” retumbaba por las calles de la capital.
Minutos más tarde una camioneta anunciaba por altavoces que la marcha seguiría hasta el Ángel de la Independencia. Poca gente se movió. La mayoría se agolpaba contra las vallas que rodean el frente del Palacio Nacional.
De la nada, los petardos empezaron a explotar. Eran lanzados desde la multitud, hacia las ventanas del edificio histórico, con el aparente plan de romperlas. En las azoteas miembros del ejército y del Estado Mayor Presidencial observaban a los manifestantes y algunos tomaban fotos.
Desde abajo la gente los señalaba con apuntadores lásers. “¡Ahí están, tómenles foto!” gritaban algunas personas desde el centro del Zócalo.
Mientras los petardos explotaban, los miembros encapuchados saltaron las vallas, que habían sido abandonadas por los guardias que se encontraban tras ellas, segundos antes.
Con pintura en aerosol los vándalos pintaron la palabra “Vivos” junto al símbolo de los anarquistas. Segundos más tarde, una llamarada se extendió frente a la puerta. Bombas molotov habían sido lanzadas contra la puerta Mariana del Palacio Nacional.
Tres veces la puerta fue incendiada con combustible, pero el sistema anti incendios impidió que se extendiera el fuego. Fue en este momento que muchos de los asistentes a la concentración comenzaron a alejarse del frente. Muchos otros abandonaban el primer cuadro de la ciudad por la calle de Madero.
Foto: Quetzali Gonzalez
“Son infiltrados”, “Alborotadores”, “Deténganlos”. Gritaban las personas, en su mayoría señoras, desde el otro extremo del Zócalo. Muchos comenzaron a repetir la advertencia al mismo tiempo que convocaban a retirarse del lugar.
“Nos arruinaron la marcha, esta gente son del gobierno o policías para hacernos quedar mal, ahora esperemos que los granaderos no nos lleven a nosotros” Comentó la señora Alicia, mientras se alejaba del zócalo con sus hijos y su esposo, acompañados por miles de personas más.
Horas más tarde, policías anti motines perseguían por las calles al resto de los manifestantes quienes se replegaron con rumbo a la Alameda.

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