Ya estamos a 18 de diciembre del 2012.
Dieciocho días desde que Enrique Peña, asumió la presidencia de México. Dieciocho días desde que la mayor operación llevada acabo por la maquinaria fraudulenta y opresora de las mafias mediáticas y oligárquicas rindió frutos.
Dieciocho días desde que todos los esfuerzos para evitar lo inevitable -las manifestaciones, las marchas, los mítines- se fueron a la mierda.
A pesar de haberse llevado a cabo una de las campañas de filtraciones y recolección de pruebas del fraude más grandes en la historia de LATAM, no se logró ningún cambio en el resultado electoral del 1° de Julio.
El truco estaba hecho desde el principio, los jueces comprados, las instituciones vendidas.
Nada de lo que hubiéramos hecho legalmente habría invalidado la elección.
Pero la gente se manifiesta, y el primer día del "nuevo" gobierno, las personas son encerradas en las cárceles que mantenemos con los impuestos. Encerradas sin pruebas, sin investigación previa, sólo por demostrar su inconformidad.
Sí, hubo destrozos, pero esos fueron comenzados por los alborotadores pagados, que al grito de VIVA SAN MARX, se mezclaron entre los menifestántes reales.
Esas personas encarceladas injustamente, que deberían ser la prioridad numero uno en la lista de cosas por cambiar en el país, son eclipsadas por el asesinato de una cantante; Jenni Rivera una artista de cierto renombre, que murió, sin saberlo,como mártir de las clases prepotentes, una mártir de la manipulación, de la opresión; que con su muerte, dio comienzo a una de las coberturas más superfluas que la televisión ha visto jamás: Homenajes, programas especiales, remembranzas, conciertos y hasta misas en cobertura nacional.
Todo esto alimentado por la ignorancia del Mexicano, esa ignorancia feliz y conformista que los llena y los complementa, por el hambre que tiene el pueblo de dramas ajenos, para olvidarse del drama que es vivir en el país de la ley de herodes.
Y ahora, que ya pasamos el punto sin retorno, solo queda hacer las cosas bien, nosotros, el pueblo, y no quitarle la vista de encima al gobierno, para que no nos chamaquéen tan facilmente.
Dieciocho días de que volvimos a 1988.
Pero descuiden, que ya estamos a dos días de que se acabe el mundo.
Dieciocho días desde que Enrique Peña, asumió la presidencia de México. Dieciocho días desde que la mayor operación llevada acabo por la maquinaria fraudulenta y opresora de las mafias mediáticas y oligárquicas rindió frutos.
Dieciocho días desde que todos los esfuerzos para evitar lo inevitable -las manifestaciones, las marchas, los mítines- se fueron a la mierda.
A pesar de haberse llevado a cabo una de las campañas de filtraciones y recolección de pruebas del fraude más grandes en la historia de LATAM, no se logró ningún cambio en el resultado electoral del 1° de Julio.
El truco estaba hecho desde el principio, los jueces comprados, las instituciones vendidas.
Nada de lo que hubiéramos hecho legalmente habría invalidado la elección.
Pero la gente se manifiesta, y el primer día del "nuevo" gobierno, las personas son encerradas en las cárceles que mantenemos con los impuestos. Encerradas sin pruebas, sin investigación previa, sólo por demostrar su inconformidad.
Sí, hubo destrozos, pero esos fueron comenzados por los alborotadores pagados, que al grito de VIVA SAN MARX, se mezclaron entre los menifestántes reales.
Esas personas encarceladas injustamente, que deberían ser la prioridad numero uno en la lista de cosas por cambiar en el país, son eclipsadas por el asesinato de una cantante; Jenni Rivera una artista de cierto renombre, que murió, sin saberlo,como mártir de las clases prepotentes, una mártir de la manipulación, de la opresión; que con su muerte, dio comienzo a una de las coberturas más superfluas que la televisión ha visto jamás: Homenajes, programas especiales, remembranzas, conciertos y hasta misas en cobertura nacional.
Todo esto alimentado por la ignorancia del Mexicano, esa ignorancia feliz y conformista que los llena y los complementa, por el hambre que tiene el pueblo de dramas ajenos, para olvidarse del drama que es vivir en el país de la ley de herodes.
Y ahora, que ya pasamos el punto sin retorno, solo queda hacer las cosas bien, nosotros, el pueblo, y no quitarle la vista de encima al gobierno, para que no nos chamaquéen tan facilmente.
Dieciocho días de que volvimos a 1988.
Pero descuiden, que ya estamos a dos días de que se acabe el mundo.
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